martes, 22 de noviembre de 2011

Mamá, ¿qué es el sentido del humor?

Podemos pensar que un niño por naturaleza se ríe sin esfuerzo y disfruta de las cosas pequeñas que se le presentan a lo largo del día. Esto en la mayoría de los casos suele ocurrir. Pero gozar de sentido del humor supone subir un escalón más. Y en nuestros hijos exige que sepan reirse de sí mismos. Que sepan reirse ante la adversidad y el fracaso. Eso no significa relativizar un error hasta negar la evidencia, sino objetivar el posible problema y enfrentarse a él con deportividad.
La primera premisa para practicar el sentido del humor es que nuestros hijos se encuentren uno más. Cuando un niño esta muy pendiente de sí mismo sobredimensiona, tanto para bien como para mal, todo lo que viene del exterior.
Un ejercicio para practicar en un clima de confianza, familiar o de amistad, es que se metan con uno, de manera simpática y comedida. Eso genera en nuestros hijos una dimensión ajustada de la relidad y le proporciona recursos para digerir bien el fracaso.
Otra manifestación de tener sentido del humor es saber perder. A veces los padres tendemos a justificar ante nuestros hijos una larga lista de porqués para amortigüar la pérdida. Aunque incluso, a veces, sean reales siempre es mejor que venga de nuestra boca la cruda realidad porque nuestros hijos saben que por encima de todo les queremos.
Hoy en día, nos falta tiempo para todo y también para reírnos. Cuando estamos con nuestros hijos nos esforzamos en que cumplan sus rutinas, y a veces da la sensación de que vamos liquidando tiempos o etapas, sin disfrutarlos del todo. Es bueno que a veces nos desencorsetemos y hagamos tonterías con ellos, cosas que jamás se esperarían de nosotros, que provocan la risa compartida y el pasar un buen rato. 

lunes, 10 de octubre de 2011

Mamá, ¡No tengo deberes!

Con el comienzo del curso, y especialmente de este mes de octubre, comienza una de las rutinas que más esfuerzo nos cuestan, tanto a los padres como a los hijos.
Sabemos que crear unos hábitos de estudio en los primeros cursos de primaria es garantía de éxito para el futuro. Pero el ambiente de estudio no es fácil conseguirlo. Exige dedicación y firmeza por parte de los padres. Por muy pequeños que nos parezacn nuestros hijos y por insignificantes que parezcan sus tareas, todas las costumbres que sembremos ahora serán tranquilidad en el futuro.
A continuación voy a enumerar unas recomendaciones que tendremos que adaptar según la edad y el niño, puesto que  quizás a algunos haya que animarles a jugar o a hacer deporte en lugar de sólo estudiar:
  • Antes de realizar los deberes es bueno merendar relajadamente, a ser posible, en compañia de alguno de los padres mientras se conversa sobre lo sucedido a lo largo del día. También es bueno que nosotros contemos algo de nuestro día para asi dar pie a la conversación.
  • Los deberes tienen que empezar a una hora concreta, a ser posible siempre la misma. Deben también tener un fin, es decir, hay que fomentar la agilidad y la eficacia según cada niño, de tal manera que en la tarde se pueda hacer algo más.
  • El lugar es bueno que sea cómodo, con una mesa y una silla adecuadas y buena iluminación.
  • Antes de sentarse nuestro hijo debe hacerse con todo el material que va a necesitar para evitar levantarse.
  • Es recomendable ir al baño antes de estudiar, no sólo para evitar interrumpir posteriormente la tarea, sino también para lavarse las manos y evitar suciedades en las libretas y libros.
  •  El rato de la merienda es el momento de comer y beber.
  • Si tienen alguna duda, que nos llamen, aunque sea a gritos, pero que nunca se levanten de la mesa. Una levantada puede significar un paseo a la nevera de paso que chincho a un hermano, a la vez que enciendo la consola, mientras mi madre termina de hablar por teléfono. Esta distracción supone un nuevo esfuerzo para sentarme y concentrarme en lo que tenía que hacer.
  • Las máquinas: ordenadores, teléfonos, consolas, televisión....No existen mientras hago los deberes. Si debo hacer una consulta en el ordenador la dejo para el final.
  • Es bueno comenzar por la tarea que más cuesta. Si en algún momento nuestro hijo se bloquea,  es bueno cambiar de tema y retomarlo más tarde.
  • Acompañar y crear un ambiente de estudio idóneo no significa que fomentemos la inseguridad a la hora de resolver los ejercicios y estudiar con nuestros hijos, convirtiéndonos en imprescindibles. Debemos animar a realizar las tareas con soltura incluso dejándoles que lleven los deberes mal hechos, o algún concepto sin comprender. La correción o una explicación posterior individualizada por parte de la profesora resulta mucho más efectiva en el aprendizaje de nuestro hijo.

lunes, 4 de julio de 2011

Mamá, ¿puedo ver la televisión?

¿Qué recuerdos tenemos nosotros de la televisión en nuestra infancia?¿Qué veíamos? ¿Cuánto tiempo la veíamos? ¿Con quién la veíamos? ¿Dónde la veíamos? ¿Cuántos aparatos había en nuestra casa?
Muchos probablemente la veíamos todos los días, con nuestros hermanos, en el salón de nuestra casa, único lugar dónde existía y siempre lo mismo, porque la oferta era reducida. Y con todas estas circunstancias recordamos con añoranza los programas de nuestra infancia. Por lo tanto comparar la situación actual de nuestra familia con la nuestra no nos conduce a nada.
Podemos tener más de un aparato y no pasa nada, nuestros hijos la pueden ver todos  los días y tampoco pasaría nada, la pueden ver solos o con alguién y tampoco tiene que pasar nada.
 Entonces: ¿Por qué está tan denostada la televisión? ¿Es la televisión nuestra enemiga?
La televisión debe ser tratada por los padres como una herramienta más para entretener, y a veces informar a nuestros hijos. Si la ponemos muy por encima de otros instrumentos de los que disponemos para entretenerles como los juegos de mesa, deportes, videojuegos, consolas, actividades extraescolares quizás le estemos dando más importancia de la que tiene. Dicen algunos expertos que la televisión debe ser usada como un frigorífico: uno lo abre cuando sabe lo que va a consumir. 
Es evidente que somos los padres los que tenemos el "mando", tanto para decidir cuándo se enciende, qué se ve y qué no se ve, y cuándo se apaga. Es bueno establecer un horario, que la veamos con ellos, aunque nos aburra, opinando, valorando aspectos positivos y negativos, tanto de estética de los propios dibujos, como de ética, en las actitudes de los personajes.
Es bueno que la televisión esté en un lugar común de la casa dónde la veamos juntos, lo que conllevará, en muchas ocasiones, que unos cedan en favor de otros puesto que cada uno tiene sus preferencias.
La televisión puede convertirse en nuestra enemiga si distorsiona la comunicaciópn familiar, tanto entre los esposos, como entre padres e hijos. Si un hijo, marido o mujer entra por la puerta y yo le recibo viendo la televisión acabo de plantar una barrera descomunal para favorecer la conversación. Probemos apagarla.
Las comida y las cenas con la televisión encendida: conversaciones entrecortadas e interrumpidas por la crisis, el paro, el aumento de las temperaturas o cualquier caso de corrupción. ¿Realmente puede sentar bien esa comida? Probemos apagarla.
 Si mi hijo tiene televisión en la habitación le estoy abriendo la puerta a ver la televisión solo, a que nadie pueda comprobar lo que elije, a que la vea durante el tiempo que quiera...Pero esto puede suceder de la misma manera delante de nuestras narices en el salón de nuestra casa si los padres no estamos alerta y dejamos que  la televisión sea otro "educador" de nuestros hijos. Todo lo que no digamos nosotros lo dirán otros y ese otro, a veces, puede ser la televisión.

lunes, 13 de junio de 2011

Mamá, ¿Cómo voy a ser de mayor?

Todas las mañanas que escucho este anuncio en la radio me hace pensar. Siempre les preguntamos o les preguntan  a nuestros hijos qué quieren ser de mayores. El anuncio nos propone investigar otra cuestión: ¿cómo quieres ser de mayor?
Si nos lo preguntasen a nosotros cómo queremos que sean nuestros hijos probablemente lo tengamos clarísimo. Incluso si tenemos más de un hijo, nuestras respuestas podrían tener matices distintos para cada uno de ellos, puesto que ya conocemos sus limitaciones.
 ¿Y si se lo preguntasemos a ellos?
Hoy en día priorizamos en nuestros hijos el áfan por el estudio para que en el futuro sean unos profesionales de renombre. Intentamos descubrir sus talentos para orientarles en la rama de estudios más adecuada y en su elección  profesional  para que sepan escoger aquello que esté a la altura de sus capacidades. 
Tenemos claro que debemos insistirle en el valor de la formación, del trabajo y del esfuerzo.
¿Pero sabemos transmitirles que el centro de su vida va a ser su familia? ¿Sabemos comunicarles  que lo más importante que van a hacer en su  vida es la labor dentro de su familia, cómo esposos, padres o madres, si eligen ese camino?
Orientar a nuestros hijos sólo en lo profesional hace que tengamos una visión limitada del ser humano. Sabemos que tenemos que transmitirles que el trabajo dignifica al hombre, pero también enseñarles con nuestro ejemplo qué el trabajo es un medio, no un fin. Debemos, tanto los padres cómo las madres, realzar el trabajo de la mujer en casa, como una opción respetada y admirada, y no menospreciada y resignada, incluso, a veces por la propia mujer,  que  nuestros hijos deben valorar.
Nuestros hijos están viendo si le damos prioridad a una llamada del trabajo, quizás insignificante, o si mejor escuchamos la anécdota que ocurrió hoy en el cole. No podemos caer en la tentación de que el  trabajo fuera de casa, hoy un privilegio, se convierta en muchas ocasiones en la excusa para escaquearnos de nuestros deberes familiares. ¡Mejor cantidad de tiempo, que tiempo de calidad!

martes, 31 de mayo de 2011

Mama, ¿Que hacemos en vacaciones?



Se acercan las vacaciones estivales. Empezamos a organizar en nuestras cabezas como ocupar el tiempo de nuestros hijos en verano. Hacemos reservas en campamentos, colonias y cursos de verano. Queremos que no estén ociosos y que aprovechen las vacaciones para desarrollar otros talentos. Idiomas, deportes, granjas-escuelas, aventura, voluntariado.
Todas estás iniciativas pueden resultar una solución óptima para muchas familias. Pero no debemos olvidar que en la playa, en la montaña o incluso en la piscina se puede practicar deporte, enfrentarte a aventuras apasionantes e incluso desarrollar nuevas amistades, que  te pueden llegar a permitir practicar algún idioma. El verano hay que planearlo, pero sin estres. Es bueno que nuestros hijos tengan un horario, pero también hay que saber adaptarlo sobre la marcha.
Es el momento donde los hijos deben ver relajados a los padres, cuando uno está legitimado para salirse de lo habitual, incluso saltarse la norma. Es cuando nos ven reir, bailar, cantar, brinacar...Son momentos, que muchas veces nos resultan difíciles, porque de repente convivimos durante 24 horas la familia al completo, pero hay que aprovecharlos mucho porque muchas veces viviremos de las rentas de ese  disfrute estival. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

Mamá, ¡No me da la gana!

Las pataletas son propias de los dos años, pero quizás en algunos de nuestros hijos se dilatan en el tiempo tanto como la edad del pavo, hoy conocida como adolescencia, de la que más de uno en edad de merecer aun no ha visto la luz al final del túnel.

Estos arranques de genio y lloro suelen ocurrir en el momento menos oportuno, en público, y dónde los padres, si no mantenemos la calma, podemos llegar a sacar lo peor.

Las pataletas comienzan cuando el niño esta creciendo y necesita reafirmar su identidad. No dejan de ser una manera de llamar la atención de nuestros hijos. Parece que tienen las cosas muy claras y quieren marcar su territorio. Simplemente están creciendo y definiendo su carácter.

Si las condiciones lo permiten lo mejor es aislar al que esta pataleando. El mostrar ignorancia, el no alterar el tono ni la mueca de la cara hace perder fuerza y duración al protagonista. Si estamos en casa abandonarlo durante unos minutos en la habitación en la que se encuentre continuando con nuestra actividad normal. Al cabo de un tiempo aparecemos haciendo mención a cualquier cosa que no tenga nada que ver con el motivo de la pataleta, como si nada hubiera pasado.

Si sucede en el exterior, por ejemplo en un centro comercial, es más complicado porque no lo vas a dejar tirado en la escalera mecánica, pero si que nos podemos apartar a un lugar más escondido y allí dejar que se calme sin entrar al trapo. No debemos caer en la tentación de razonar una pataleta porque siempre responde a algo improvisado y caprichoso.

Cuando nuestro hijo esté ya calmado siempre es bueno recogerlo afectivamente. Con esto no mostramos una rendición, puesto que no puede existir batalla entre desiguales, sino que nosotros queriéndole estamos por encima de sus deseos y caprichos.










martes, 10 de mayo de 2011

Mamá, ¿Por qué somos distintos?

Hoy en día, a veces, podemos tener la sensación de ir contracorriente. Queremos enseñar a nuestros hijos a ser felices y sabemos que con la felicidad nadie se topa a la vuelta de la esquina. Las personas no nacemos felices o infelices, sino que aprendemos a ser lo uno o lo otro.
Muchas veces, los padres centramos la educación de nuestros hijos en los conocimientos, idiomas, habilidades musicales o deportivas.  Los atiborramos a actividades extraescolares y luego nos olvidamos hacer de ellos personas con carácter y personalidad.
Cuando nuestros hijos empiezan a tener criterio sienten orgullo de las cosas que les hacen diferentes a los demás y lo asumen como algo propio de su casa, de su estilo familiar. El no ver determinada serie, el ver la televisión un tiempo o día determinado,  el desayunar fruta, o el tener siempre la misma hora de acostarse...
Ellos defienden estas u otras posturas que viven en su familia ante sus iguales con verdadera pasión. Y a veces sus iguales son sus primos o los hijos de nuestros amigos, a los que queremos mucho, lo que no implica que compartamos siempre el mismo estilo educativo.
Cada familia es única e irrepetible, así la hacen cada uno de sus miembros. Es bueno mantener nuestras peculiaridades aprendiendo de las demás familias aquello que nos gusta y nos puede hacer mejores. Siempre manteniendo nuestro adn, y reconociendo lo mejor de cada uno de los miembros que la forman.
Los americanos dicen: family, first!Y eso significa que, aun cuando todos y cada uno van construyendo su personalidad y su singularidad, la familia está siempre en primerísimo lugar.

lunes, 2 de mayo de 2011

¡Mamá, yo me ofrezco voluntario!

Muchas veces nos puede parecer que hacemos excesivas peticiones a nuestros hijos. Que si por favor tráeme esto, que si por favor llévame aquello. En una sola jornada podemos repetir esto con mucha frecuencia. Y no pasa nada.
El riesgo que podemos correr es que, en caso de que tengamos más de un hijo,  siempre se lo pidamos al mismo. "El mismo" suele cubrir un perfil: lo hace a la primera, sin protestar y lleva a término el encargo realizado.
¿Qué pasa con los que no son tan efectivos, con los que de verdad se asume un riesgo y probablemente acabemos interviniendo? Pues que también hay que dejarles hacer, quizás escogiendo un día dónde vayamos cargados de paciencia, en el que estemos dispuestos, en primer lugar, a hacer la vista gorda en los fallos que cometa y después a alabarle algo, por pequeño que sea.
Asumir encargos, realizar cometidos, responder a los favores que solicitan los padres favorecen la responsabilidad y la generosidad. Una vez más tenemos la opción de ir por delante y, puntualmente hacer favores a nuestros hijos en cosas que solo les correspondería hacer a ellos.
El espíritu de servicio es algo que sólo se aprende en casa. Tenemos que darle valor y no ver como un acto de servilismo o de humillación que un hermano prepare la merienda de otro. Los encargos colectivos lo favorecen, siempre que existan otros individuales. Por ejemplo preparar el uniforme, la merienda, la mochila "mía y  de mis hermanos".
A medida que van creciendo tenemos que dejarles ayudar. A veces por un exceso de protección, otras porque no queremos que se distraigan de sus obligaciones, hacemos todo los padres. Y así solo creamos inútiles cargados de obligaciones y aficiones a los que no les arde el culo en la silla cuando ven a sus padres o mayores hacer cosas que ellos también saben y pueden hacer.
Y siempre podemos recurrir a la pregunta: ¿Algún voluntario? ¡Nos llevaremos sorpresas! Y si siempre es el mismo:¡propongámonos no abusar de su generosidad!

martes, 26 de abril de 2011

Mamá, ¡Me duele...!

Enseñar a nuestros hijos a ser valientes y fuertes, hoy en día, ante el dolor, el cansancio, el hambre o la sed es una tarea apasionante.
El consumo en los colegios de tiritas de diseño, desinfectantes y análgésicos se ha disparado. A los recreos les ha salido un duro competidor en las enfermerías de los colegios donde nuestros hijos comentan sus dolores, rajas y negrones. En nuestro carro de la compra ya nos sólo hay comestibles y artículos de droguería, ahora también acudimos a la sección del botiquín.
¿Son nuestros hijos más quejicas? o bien ¿nosotros hacíamos el animal presumiendo de moratones o negrones?
La mezcla entre el sentido común y el instinto de padre nos dará la clave para saber cuándo merece la pena hacer caso a nuestros hijos. Muchas veces un dolor de barriga sirve para llamar la atención de los padres. En ocasiones supone un examen,  un problema con un amigo, que hay que identificar y hablar, unos deberes inacabados...Otras será real y responderá a un tema meramente fisiólogico.
Es una realidad que muchos de nuestros hijos se quejan, y se quejan más de lo adecuado. Quizás debamos mirar hacia dentro. Ver en el interior de nuestros hijos. ¿Nos hemos propuesto que sean magnánimos, que de verdad tengan almas grandes? ¿Valoramos la vida de nuestros hijos delante de ellos y la de sus hermanos como un regalo? ¿Les recordamos que tienen salud, sin que sea necesario recurrir a continentes lejanos y haciéndoles observar lo privilegiados que son en una sencilla sala de espera del pediatra, o cerca de un hospital? ¿Les obligamos a comer todo lo del plato como la mejor contribución al que nada tiene? ¿Intentamos que sean personas agradecidas expresando en cada uno de los planes que hacemos la suerte que tenemos? ¿Les enseñamos a valorar a sus padres,  hermanos, abuelos, tíos y primos, como algo que supera cualquier cosa material? ¿Les transmitimos que su colegio es uno de los cauces para cultivar su talento, y que deben aprovechar el tiempo?
A veces somos los padres los que nos acostumbramos a ver con gran dramatismo contratiempos mínimos. Una vez más tenemos la oportunidad de ir por delante.
Aquí va un resumen firmado por la Madre Teresa de Calcuta:
El día más bello: hoy.
La cosa más fácil: equivocarse.
El obstáculo más grande: el miedo.
El mayor error: abandonarse.
La raíz de todos los males: el egoísmo.
La distracción más bella: el trabajo.
La peor derrota: el desaliento.
Los mejores maestros: los niños.
La primera necesidad: comunicarse.
La mayor felicidad: ser útil a los demás.
El misterio más grande: la muerte.
El peor defecto: el mal humor.
El ser más peligroso: el mentiroso.
El sentimiento más ruín: el rencor.
El regalo más bello: el perdón.
Lo más imprescindible: el hogar.
La sensación más grata: la paz interior.
El arma más eficaz: la sonrisa.
El mejor remedio: el optimismo.
La mayor satisfacción: el deber cumplido.
La fuerza más poderosa: la fe.
Los seres más necesitados: los padres.
Lo más hermoso de todo: el amor.

martes, 12 de abril de 2011

Mamá, ¿Te acuerdas?

Es necesario recuperar emocionalmente el pasado para construir el futuro. Traer el pasado al presente cohesiona la familia. No podemos ser sólo un hoy o un mañana. Nuestros hijos tienen su historia y es bueno que la conozcan. Les da identidad y sentido de pertenencia a su familia. Familia única e irrepetible. Con su estilo propio de hacer, de pensar, de hablar, de sentir, de jugar, de divertirse.
Ver fotos, videos, contar historias, recordar anécdotas a nuestros hijos une la familia. Incluso recordar ilusiones y momentos dulces del pasado nos ayuda a enfrentarnos al futuro.
A nuestros hijos les encanta saber como eran de pequeños. El que conserva algún tipo de album que cuenta los primeros pasos de sus hijos porque con gran paciencia ha ido rellenando el primer diente, la primera palabra, la canción del momento...etc comprueba la ilusión que les hace a los niños leerlo.
Incluso el saber la historia de sus padres, cómo eran de pequeños, dónde estudiaron, cómo se conocieron, qué amigos del presente estaban en esos momentos, su noviazgo, su boda. Todo refuerza la unión entre los padres para con los hijos.
Muchas veces contar las maneras, costumbres o normas que vivíamos nosotros de pequeños en nuestra familia sirven de anzuelo para defender las propias.
Intentemos no dejarnos llevar por la prisa, la inmediatez, el hoy y el ahora. Recuperemos el ayer para construir el mañana.

viernes, 18 de marzo de 2011

Mamá, ¡no puedo!

La autoestima es el motor que mueve a nuestros hijos a hacer el bien. Querer a nuestros hijos es querer su libertad. Pero exponerse a la libertad de nuestros hijos también supone correr un riesgo que hay que asumir.  Nuestros hijos no son perfectos, ni lo serán. Hay que enseñarles a conocerse a sí mismos, sus virtudes y sus defectos, sin que éstos últimos causen sentimientos de fracaso o baja autoestima. Lo importante es que interioricen que hay cosas que les saldrán solas y otras que les costarán esfuerzo superarlas, pero lo importante es que pueden. Y pueden porque sus padres les quieren y confían en ellos.
 Confiar significa tener fe, dar crédito a alguién, considerarle capaz de verdad. Debemos de ser capaces de transmitir a nuestros hijos la capacidad de hacer el bien por propio convencimiento. Es posible querer a una persona con sus defectos pero no por sus defectos. El amor desea el bien de la persona, y quién ama pretende que el otro luche contra sus deficiencias y sueña con ayudarle a corregirlas.
Nuestros hijos pueden observar esto con nuestra ayuda. Por ejemplo, podemos tener un hijo ordenado y limpio, al que no le cuesta esfuerzo poner cada cosa en su sitio, o limpiarse la boca cuando esta sucia. En cambio, puede costarle un gran esfuerzo saludar y ser cariñoso con los que le rodean. A este hijo hay que hacerle ver cómo tiene ya una virtud consolidada que sólo tiene que mantener, y cómo va a tener que esforzarse en  conseguir otra. Pero lo importante es que él puede.
Una cosa es que "los padres acepten a sus hijos", y otra muy diferente es que "los hijos se encuentren acepatados". Para ello deberíamos desterrar de nuestra comunicación verbal todas las frases que generan sentimientos negativos y adverbios como siempre o nunca.
Frases cómo las siguientes conseguirán el efecto buscado. Si mis padres me dicen "Muy bien, yo sé que lo harás", me están transmitiendo que soy capaz.
 "Estoy orgullosos de ti" genera en ellos satisfacción.
"Noto que cada día eres mejor", produce en nuestros hijos ganas de serlo.
"Te felicito por lo que has hecho", despierta alegría y ganas de mejorar.
Al decir "Gracias por ser tan bueno", además de sentirse premiados y aceptados, consigue que ellos mismos rechacen el agradecimiento porque piensan que no les corresponde, que era su deber, y por lo tanto se hacen más responsables.
 "Sabes que te quiero mucho" manifiesta nuestro amor, y hay que decirlo, en cualquier edad, aunque a veces nos cueste, o no encontremos el momento.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Mamá: ¡Me aburro!

El juego forma parte del aprendizaje y socialización de nuestros hijos. Por eso es bueno en determinadas edades perder el tiempo jugando con ellos. No necesitan muchos juguetes sino compañeros de juegos. El proceso que conduce a saber trabajar tiene su comienzo natural en saber jugar. Aprenden a ganar y a perder, a someterse a reglas, que ellos mismos exigen, aprenden a comportarse, a ser generosos, responsables, ordenados. A través del juego adquieren hábitos que son indispensables para estudiar y trabajar.
Tenemos que evitar que jueguen a tres juegos o con tres juguetes a la vez, puesto que de esta manera no aprenden a centrar la atención, algo muy importante para su desarrollo. También es bueno, en ocasiones, dejarles jugar con objetos que propiamente no son juguetes, pero que desarrollan su imaginación y creatividad: por ejemplo el cartón del rollo de papel higiénico muchos lo convierten  en prismáticos, otros en instrumento musical, incluso algunos lo utilizan para hacer alguna manualidad.
Pero no nos engañemos. Muchas veces a los padres nos cuesta dejar jugar a nuestros hijos, porque desordenan, ponen en riesgo nuestra casa, se manchan, se pelean, los juguetes se rompen...Eso no significa que nuestra casa se convierta en un chiqui park, donde los sofás sirvan para saltar, nuestra ropa sirva para disfrazarse o los utensilios de cocina se usen como instrumentos musicales.
Cuando nuestros hijos tienen tiempo libre los padres debemos aumentar nuestras aportaciones.
Jugar con ellos no es comprarles juguetes, sino llenar los tiempos libres de tiempo útil , esforzado y alegre. Esto tampoco significa que tengamos que convertirnos en animadores socio-culturales. Nuestros hijos, con el tiempo, deben ir aprendiendo a jugar solos.
Los fines de semana es bueno programarlos. Hay que hacerlos amenos y divertidos, es la mejor opción para vivir en familia y conocer a nuestros hijos.
El hijo desocupado se maleduca. El "no saber que hacer" es muy peligroso. Tiene repercusiones en el hábito de estudio, en la formación de su carácter, y en la adaptación al ambiente.
Según la Declaración de los derechos del Niño, adoptada en la Asamblea General de la ONU, "el juego es un derecho del niño".Como leía hace poco, "todo lo que no está prohibido se empieza a convertir  en obligatorio".
Y cuando digan -¡ me aburro! siempre les podremos decir:
-¡Cómprate un burro!

lunes, 28 de febrero de 2011

Mamá, ¡las madres no hacen huelga!

Cuando uno es padre o madre por primera vez, una de las cosas que más le impresionan es que lo es para toda la vida. Incluso, a veces, cuando se acerca a su hijo mientras duerme, lo mira detenidamente, y le impresiona  la idea de que esa persona que esta ahí, en estos momentos dependa absolutamente de él.
Muchas matrimonios descartan la paternidad porque la consideran una responsabilidad que no está a su altura o que no están  dispuestos a asumir, o simplemente porque consideran que el mundo que les ofrece deja mucho que desear.
Sin ninguna duda, cuando a uno le llega la paternidad, puede haber entrenado el esfuerzo por ser mejor cada día, por diversos motivos: unos por puro humanismo, y otros porque tienen una visión trascendente  de la vida.
Pero cuando uno es padre incorpora una nueva dimensión de lucha en su vida. Y es la del ejemplo. Somos conscientes de que cualquier acción, omisión, error, palabra, comentario...está siendo archivada en el disco duro de nuestros hijos para un futuro procesamiento. Probablemente si nos parasemos a reflexionar, nos sorprenderíamos con nosotros mismos al observar la capacidad de renuncia que tiene uno cuando es padre y comprueba cómo anteriormente determinadas metas o objetivos que le suponían un calvario, ahora las hacen con la zurda. 
Y, sinceramente, lo del ejemplo ¡es agotador! Pero sabemos que ellos se merecen el esfuerzo. E implica que cada sugerencia, orden, orientación, o proyecto que le planteas a tu hijo lo vivas tú o simplemente te esfuerces en vivirlo, aunque a veces no lo consigas. Pero a ellos les basta con ver nuestra actitud de lucha. En la lucha hay algo seguro: la familia vivirá más unida y feliz en su empeño por mejorar, una mejora que terminará siendo contagiosa. Así estamos empezando a formar parte del futuro.
De hecho, con los años, nuestros hjos nos exigen esa coherencia de vida, y si fallamos, dejamos de ser punto de referencia para ellos, y puede darse un efecto muy peligroso, que es que tengamos miedo a nuestros hijos. Miedo a no poder preguntarles o orientarles en algo porque nos pueden echar en cara muchas cosas. Para evitarlo debemos ser comunicarivos y reconocer nuestros errores, por grandes que sean.
Muchas veces se me ha venido a la cabeza si podría hacer huelga de madre, y en ese caso:
 ¿Cuáles serían los servicios mínimos?¿ Despertarlos y acostarlos?
  ¿Qué reinvindicaría? Derecho a la obediencia ,derecho al orden,derecho a la fortaleza,  derecho a la sonrisa en vez del llanto...
 ¿Qué se leería en mi pancarta?¡¡¡Quiero que mis hijos sean felices, por lo tanto libres y responsables!!!
 ¿Quién haría de piquete informativo? Mi marido creo que no.

lunes, 21 de febrero de 2011

Mama, ¿por qué discutís?


¿Por qué discutís? ¿Os vais a separar? Estas pueden ser preguntas a las que nos podemos enfrentar en la relación con nuestros hijos. Hoy en día nuestros hijos conviven con la separación de matrimonios como una opción que esta ahí, y cualquier discusión mal llevada puede encenderles la señal de alarma. Y, sin ninguna duda, hay que abordar estas cuestiones.
En primer lugar nuestros hijos deben saber que sus padres, en determinados temas, pueden tener diferentes puntos de vista, y que por eso no se quieren menos ni están enfadados. Y una manera de concretarlo es pasarles la pelota y preguntarles cuántas veces han discutido con un hermano o un amigo para ponerse de acuerdo en qué jugar o qué película ver, y  eso  no significa que le quieran menos.
En cualquier caso, hay dos cosas por las que luchar que merecen la pena:  NO discutir delante de nuestros hijos sobre una diferencia de parecer ante un criterio educativo, aunque creamos que esta metiendo la pata hasta el fondo, o pensemos que se esta pasando...Aguantar el tirón y hablarlo después a solas.
Y en segundo lugar, cuando no  podamos evitar una discusión, pedir publicamente perdón , para que nuestros hijos vean que las diferencias entre nosotros no son irreconciliables. Y si consideramos que tenemos razón, siempre es bueno adelantarse al perdón. El perdón genera paz, nos libera a nosotros mismos y hace que ambos cónyuges salgan beneficiados. Hay que pensar que el perdón, aunque esta estrechamente unido a vivencias afectivas, no es un sentimiento, es un acto de voluntad que hay que desarrollar en nosotros mismos.
Un ejercicio, que es muy saludable para nuestros hijos y para nosotros,  es que alabemos delante de ellos,  a nuestro marido o a nuestra mujer, tanto a solas como delante del otro. Los hijos deben percibir la admiración que sentimos por el otro. Esta medida preventiva ayuda a que, a pesar de nuestro empeño por evitar las discusiones, cuando lleguen  las rebajas, nuestros hijos no duden del cariño y admiración que se tienen sus padres, y salgan menos perjudicados.

lunes, 14 de febrero de 2011

Mamá, ¡no me gusta!

Nuestros hijos desde los 2 años pueden ir probando los distintos tipos de comida para conocer los distintos sabores que nos ofrece la alimentación. Los pediatras afirman que entre los 4 y 5 años los niños deben estar acostumbrados a comer de todo.
El colegio no es el encargado de enseñar a comer a nuestros hijos. Tanto desde el punto de vista de una alimentación variada, como de los modales, no podemos delegar esta tarea a la escuela. Eso no significa que no podamos exigir en nuestros colegios una dieta equilibrada y el cumplimiento de determinadas normas de educación a la hora de comer.
Analizando esta cuestión nos damos cuenta de que la hora de comer puede ser una gran escuela dónde se pueden practicar muchas virtudes: orden, limpieza, fortaleza, sobriedad, obediencia..
Las comidas con nuestros hijos deben estar presididas por la tranquilidad y la calma. Muchas veces con áfan de liquidarlos, y que se quiten del medio, hacemos que nuestros hijos coman demasiado rápido, sin dar pie a la conversación, y sólo nos fijamos en sí está bien sentado, o si coge bien el tenedor.
Es verdad que a los padres nos genera mucha tensión que un hijo no coma. Los motivos pueden ser varios, aquí solo vamos a analizar los que responden a criterios educativos y no médicos.
Nuestro hijo puede no querer comer porque ha comido entre horas, porque no le gusta, o simplemente porque quiere llamar nuestra atención.
Para evitar el "no me gusta" o el "no puedo más" hay padres que utilizan diversas fórmulas que les funcionan.
Cuando introducimos un alimento nuevo que sea muy poco a poco, incluso por unidad. Si empieza a tomar fresas, que comience por una. En el caso de que no le guste, que siga tomando una, cuando estén previstas en el menú familiar . Es mejor eso que no tomarlas, y nunca sustituirlas por otro tipo de postre. No te gustan, pues tomas sólo una, pero no tomas nada más.
Para evitar que uno diga que ya no puede más, si detectamos que no está el horno para bollos, nos podemos adelantar y servirle  una ración menor, para que se la acabe. Siempre es preferible poner menos y repetir, pero siempre terminar el plato. Es signo de fortaleza y de solidaridad.
A más de uno le habrá pasado sugerirle a su hijo que termine su comida acordándose de los niños pobres de África y que el hijo le conteste: ¡Pues llévales este plato! ¡Yo se lo doy!

miércoles, 9 de febrero de 2011

Mamá ¡Sí! ¡Ahora voy!

¿Qué pensaríamos si nuestro hijo obedeciese en un tiempo estimado, sólo de segundos, a todas las órdenes que le damos a lo largo de un día? Algunos pensaríamos que se ha vuelto loco, otros que tenemos un ángel en casa, otros ¿que me querrá pedir?
Por el contrario si nuestro hijo no obedeciese nunca, y ese ¡Sí! ¡Ya voy!, expresado con verdadera convicción, se dilatase en el tiempo eternamente, nos plantearímos que tenemos un problema muy serio: nuestro hijo no tiene el hábito de obedecer.
La obediencia es un hábito que debe conseguirse antes de los cinco años. Si no lo hemos logrado, todavía estamos a tiempo, pero el esfuerzo será mayor.
Mandar bien y con acierto es díficil y muchas veces nos olvidamos de que obedecer, y con diligencia, cuesta mucho más. Para mandar bien hay que cuidar la forma, el momento, la oportunidad, la firmeza, el carácter de nuestro hijo y la conveniencia de la orden que vamos a dar.
Hay cosas que no debemos corregir al instante si acabamos de corregir otra, ni dar demasiadas órdenes a la vez, porque el niño desconecta. Otras veces, el padre o la madre, nos afanamos en reforzar la orden que ya ha dado uno, y muchas veces sólo conseguimos que nuestro hijo perciba que tiene, ya no sólo uno, sino dos legisladores enfrente de él.  El que de la orden que de la cara hasta el final.
 Lo mejor es hacerles llegar mensajes cortos, mirándoles a la cara y siempre añadiendo un "por favor". Si de paso añadimos un "mi rey" o "mi reina" ya estamos premiando la acción.
Si cada vez que nuestro hijo obedece a la primera, se lo reconocemos y le decimos, ¡gracias por haber sido tan obediente! ¡estamos muy contentos!, le estamos predisponiendo positivamente para que en la siguiente orden vuelva a obedecer.
Nos podríamos poner como objetivo descubrir, al menos, una vez al día a nuestro hijo obedeciendo a la primera y felicitarlo. De esta manera conseguimos un doble efecto, la virtud, y la satisfacción de nuestro hijo por haber cumplido con su deber.

lunes, 7 de febrero de 2011

Mamá, ¿me escuchas?



Sabemos que una buena comunicación con nuestros hijos debería ir acompañada de cariño, sinceridad y tranquilidad. En psicología se dice que en una buena conversación con los pacientes lo primero es escuchar, después escuchar, y al final preguntar para seguir escuchando.
Nuestro hijos, muchas veces, eligen los momentos más inoportunos para nosotros, para comunicarse. Por otro lado, nos ha tocado vivir en un momento dónde nos falta tiempo para todo. Pero quizás la oportunidad de escuchar a nuestros hijos no la deberíamos dejar pasar por alto.
El coche, apagando la radio, o el dvd, el ir caminando por la calle, las comidas o las cenas compartidas, son buenos momentos para conversar. Si nuestro hijo está de NO, que a veces suele ocurrir, le puede animar a abrirse contarle cosas nuestras.
Siempre es bueno alargar las conversaciones, no cortarlas bruscamente por un motivo poco importante. Lo mejor para que nuestro hijo nos escuche es escucharle nosotros primero.
De esta manera, a pesar de que sean pequeños, adquieren el hábito, y ven algo natural y normal el hablar con sus padres. Así estamos educando en futuro.
Y cuando se suelten y nos cuenten cosas que no nos gusten, nunca elevar el tono, ni enfrentarnos a ellos, sino aprovechar el momento para colocar aquello que sea oportuno.
La confianza que se da a un hijo suele provocar un doble efecto: de manera inmediata un sentimiento de gratitud, porque nuestro hijo se ve beneficiado por un don. Y además,  la confianza tiene el efecto de favorecer la responsabilidad.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Mamá, ¿ya has puesto el cartel de cerrado?


¿Por qué en esos momentos, dónde uno ya considera que ha hecho todos lo esfuerzos posibles del día, su hijo le pide un vaso de agua, después de haber ingerido un litro en la cena?
¿Por qué cuando uno solo sueña con sentarse a cenar tranquilamente con su marido o su mujer, su hijo se acuerda de comunicar la cosa más importante que le ha sucedido en su vida?
 ¿Por qué después de una tarde que ha trancurrido tranquila, en la que uno incluso está satisfecho por haber cumplido con su deber, en cinco minutos, a última hora, se va todo al traste?
Pues porque cómo dice una amiga mía hay que saber colocar el cartel de CERRADO. Así de sencillo. Cada cosa tiene su momento. Los límites, horarios y tiempos los decidimos los padres.
Si hoy no le doy agua en la cama, mañana, o bien se acordará de beberla antes o simplemente no me la pedirá. Si la agenda no me la enseñó en el momento oportuno, ese día va sin firmar, y mañana ya no ocurrirá.
Con nuestros hijos los precedentes funcionan tanto para bien como para mal.
 El que tengan un horario de acostarse , o de apagar la luz determinado previamente contribuye a la paz familiar. Cuando las cosas suceden a deshoras nuestros hijos pueden llegar a sacar lo peor de nosotros. Y no es lo más recomendable.Los padres tenemos nuestro momento, y ellos su descanso.
 Y es bueno para un futuro, que la hora de retirada siempre obedezaca a un criterio según la edad, y no a la duración de un programa de televisión, a unos deberes inacabados...
Así que ¡adelante!, a partir de la hora convenida, a colocar el cartel de CERRADO, y dedicar un tiempo para nosotros, qué no viene nada mal.

lunes, 31 de enero de 2011

Mama, ¡Siempre dices no!

¿Tú también tienes  la sensación de estar siempre diciendo que ¡NO!?¡ Bienvenido al club!
En primer lugar podríamos decir que es un buen síntoma, puesto que manifiesta un esfuerzo permenente por nuestra parte, ya que lo más cómodo es decir ¡SI!Por lo tanto ¡No lo hacemos tan mal!
Algunos de nuestros hijos, además, quizás practiquen el "demanding", es decir, pedir permanentemente cosas materiales (planes, comida, caprichos, juguetes, ordenador, videojuegos, televisión), o atenciones que ya no necesita, puesto que no son propias de su edad (ayuda en el vestir, en el comer, en los deberes...etc).
Cuando tengamos la sensación de que nos estamos pasando con el ¡NO! es bueno recordarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos a cuántas cosas hemos dicho que ¡SI! a lo largo del día, y os aseguro que nos sorprenderemos, tanto nosotros como ellos.
Nuestros hijos tienden a quedarse con el pensamiento o la acción más reciente. A veces hacerle un recorrido a lo largo de lo que ha sucedido a lo largo del día ayuda a centrarle.
A veces también frena el "demanding"  sorprender diciendo ¡SI! a algo totalmente imprevisible para nuestros hijos.
Un padre firme sabe ponerse en el lugar de su hijo, entiende muy bien "como se siente" y "cómo puede quedarse" cuando lo enfrenta con los aspectos de la realidad que contradicen sus deseos. Nuestros hijos deben saber que decimos ¡NO! porque les queremos.
Ejercer la autoridad es el trabajo más pesado de la educación, es el sacrificio de todos los días. ¡Pero es el más eficaz!¡Ánimo!

viernes, 28 de enero de 2011

Mamá, ¿Por qué siempre estás cansada?

Hoy en día vivimos en un mundo frenético dónde resulta complicado el verdadero descanso. El trabajo, la familia y todo lo que ello implica hace que siempre estemos cansados. Es algo evidente que el hombre, por naturaleza, siempre se cansa después de realizar un esfuerzo. También es algo evidente que cualquier cosa que merezca la pena cuesta esfuerzo, por lo tanto cansancio. Sólo en el diccionario es anterior la palabra  éxito a trabajo.
Partiendo de esta premisa, comentar que uno está cansado, es comentar una obviedad. Nuestros hijos nos presuponen personas que se esfuerzan y trabajan, puesto que se lo exijimos a ellos. Por lo tanto, cuando nos quejamos en exceso, les estamos transmitiendo de alguna manera que, quizás el esfuerzo no mereció tanto la pena, puesto que la consecuencia más inmediata que encontramos es el cansancio.
Este cansancio implica que a mis padres se les cambie el humor y muchas veces no hagan lo que deban porque ¡están cansados!Y nuestros hijos se dan cuenta.
Deberíamos evitar excusarnos en el cansancio para omitir o retrasar cualquier acción con nuestros hijos. Cuando no podamos superarnos deberíamos usar otros recursos y argumentar de otra manera. Y el día que nos superemos, a pesar del cansancio, comunicarlo. A veces es necesario decir a nuestros hijos las cosas para que las aprecien: "Hoy papá está muy cansado , pero cómo sé que esto es importante para ti, para tu hermano, para mamá...vamos a hacerlo".

miércoles, 26 de enero de 2011

Mama, yo no soy pesado!


Nos puede salir llamarle pesado, mentiroso, maleducado...Hasta aquí puedo leer. Cualquier otra etiqueta a veces puede rozar el insulto, y eso ya sabemos que no lo debemos hacer.
En este aspecto la diferencia entre ser y estar es importante. Si a nuestro hijo le decimos¡eres un pesado!, implicitamente no le estamos ofreciendo la posibilidad de no serlo. Mientras si comentamos ¡qué pesado estás hoy!, le damos la opción de que mañana no lo esté.
Aunque la mejor alternativa es hablar de comportamientos y actitudes, sin etiquetar ni personalizar: es más conveniente decir ¡has tenido una actitud muy vaga! que ¡eres un vago de siete suelas!
Utilizar el lenguaje en positivo es un buen recurso para evitar lo anterior, por ejemplo es preferible decir  ¡estás faltando a la verdad!, a decir,¡ me estás mintiendo!, o ¡estoy orgullosa de mi hijo cuando obedece, pero hoy...!
Si tratamos a nuestros hijos no como son, sino como queremos que sean, les ayudamos a mejorar en aquello que creemos que es lo ideal para ellos.
El insulto solo muestra rechazo y falta de aceptación por nuestra parte. Tiene un efecto negativo en la futura conducta del niño. Hay expresiones, que a pesar de que nos cueste mucho, muchísimo, deberíamos desterrarlas. Los primeros que debemos respetar a nuestros hijos somos nosotros.

lunes, 24 de enero de 2011

Mama, ¿me compras chuches?

¡Si! ¡No!¡Mañana! ¡Hoy no toca! ¡Si, pero no las puedes tomar hasta después de comer! ¡Tenemos en casa! Cualquiera de estas u otras respuestas nos podrían  valer. Lo único importante es que nuestra respuesta no sea improvisada sino que sea algo planeado anteriormente. Todos los criterios que cualquier padre consideramos adecuados para nuestros hijos son los realmente válidos.
De todas maneras, probablemente el mejor día para comprar chuches sea el día en el que no nos lo piden. La iniciativa ha salido de nosotros y para ellos es la gran sorpresa, y sin duda es cuando mejor le saben.

viernes, 21 de enero de 2011

Mamá, ¿Por qué siempre estás hablando por teléfono?

En realidad el título se podría hacer más extenso, o simplemente reducirse la cuestión a: ¿por qué siempre estás conectada? Hoy en día ya es una realidad que cualquiera de nuestros hijos hagan los deberes a la vez que su madre salude a su prima en facebook, o de un toque a su amiga de la carrera mientras aplaude la torre de lego que ha hecho el pequeño de la casa. No cabe ninguna duda de que cualquiera de las acciones anteriores pasa más desapercibida para nuestros hijos que una conversación telefónica. Mientras estamos atendiéndoles, nuestras llamadas deberíamos reducirlas en número y duración,  solo recibiendo aquellas más urgentes y las que supongan breves recados. Las restantes, o simplemente no se cogen, y se les devuelve la llamada posteriormente, o si hay confianza, se dice libremente que este no es un buen momento. Una llamada a destiempo se puede convertir en un elemento muy distorsionante de la tarde. Puedes encontrarte a uno de tus hijos que ha interrumpido los deberes, a otra poniéndose tibia de chocolate, al pequeño untándose con tu crema hidratante...Y en un minuto, la armonía que te habías propuesto y  construiste con empeño desde que recogiste a tus hijos, ¡salta por los aires! Es bueno que nuestros hijos observen que además de ser una prioridad para nosotros, sus padres son los primeros que viven las normas que brevemente se les van a exigir, y que para realizar muchas actividades cotidianas hay que poner en silencio la blackberry o el iphone, o simplemente desconectar el ordenador.

jueves, 13 de enero de 2011

Mamá, el ratoncito no ha venido!

En esos momentos te gustaría volver atrás, que fuese ayer, y que al acostarte se te hubiese ocurrido acercarte a la habitación de tu hija. Si hubiera sido así, podría haber visto la escalinata a base de libros que mi hija le dejó a Pérez,  para que alcanzase, sin poner en riesgo su vida, el dientecillo. Y, ¡cómo no!, el único cuento que no formaba parte de la escalera, era el que llevaba por título, "El ratoncito Peréz". Abierto de par en par se disponía a recibir a su tocayo.
Entre el sobresalto con el que te despierta tu hija ante tremenda decepción, y la falta de agilidad mental propia de esas horas, no había capacidad de reacción. La poca a la que podría aspirar se vino abajo al ver semejante despliegue de medios para recibir a un ratón, que colecciona dientes, y que a cambio te trae una moneda, si ese día tiene cambio, o bien cualquier otro detalle que, en la medida de lo posible, sea pequeño, quepa debajo de una almohada, y no esté envuelto en plástico, para no despertar a la criatura.
Ante la que se me venía encima, decidí enfrentarme a la situación, y utilizar un recurso que nos puede salvar en muchas situaciones imprevisibles: ¡A mi de pequeña, un día, me paso lo mismo! En ese momento mi hija comienza a respirar hondo y sus ojos me empiezan a preguntar.
Es muy frecuente que nuestros hijos no contemplen que sus padres también fueron niños. Y es muy enriquecedor para ellos transmitirles como nosotros hemos pasado por situaciones muy similares a las de ellos, de qué manera nos enfrentamos a los problemas de la niñez y que hábitos positivos hemos adquirido, que ellos puedan verificar hoy en día.
A nosotros, quizás,  tampoco nos gustaban las espinacas, y ahora las tomamos con placer una vez a la semana, también nos costaba levantarnos de la cama y ahora lo procuramos hacer con rapidez, en el colegio podíamos tener un mote y lo llevabamos con sentido del humor.
En fin, la vida con nuestros hijos  es muy rica y nos ofrece muchas posibilidades en las que podemos utilizar este recurso, sin agotarlo, para desbloquear a nuestros hijos y desdramatizar muchas situaciones.